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La mesa de la esquina

Cuando os sentéis en la mesa de la esquina, junto al ventanal, sabed que aquella empezó siendo su mesa. Entraron vistiendo la timidez y los nervios, con las expectativas agazapadas en la boca de sus estómagos. Compartieron un sándwich, pero se devoraban con las pupilas. Pidieron agua, pero se bebían el aire que les separaba. La noche aún conservaba el olor de días de sol en otoño.

Después siguieron viniendo, siempre compartiendo un sándwich nuevo, pero con la confianza de vivir un amor correspondido. A cierta edad, en realidad, a todas las edades, esa mirada de quien ama y es amado. Cambiaron de mesa, las caricias dieron paso a los besos de pareja, a esas conversaciones de palabras dichas y otras mordidas. Un nestea, una botella de agua, esas sonrisas que se reflejan sobre el cristal abierto a la noche. Una de esas historias, que, quizá, sí que empezó en el Tavern.



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